Este jueves 26 de marzo, el alumnado del Colegio Ignacio de Loyola junto al colegio Santa Teresa de Jesús y la guardería de la localidad, participaron en una de las costumbres más arraigadas y emotivas de la Semana Santa calzadeña: la tradicional Procesión Infantil del Jueves de Dolores, un acto que cada año abre las celebraciones de la Pasión en la localidad y que destaca por la implicación de los niños y niñas en la transmisión de la cultura y las tradiciones locales.
Un punto de encuentro lleno de emoción
La jornada comenzó a las 11:15 horas en el Convento, donde familias, profesorado y miembros de la cofradía se reunieron para preparar la salida. El ambiente estaba cargado de ilusión y respeto, reflejo del cariño con el que Calzada de Calatrava vive su Semana Santa.
Aproximadamente a las 11:45 horas, la procesión inició su recorrido por varias calles de la localidad, acompañada por el sonido solemne de la música procesional y la expectación de vecinos y visitantes.
Los niños y niñas, protagonistas de la tradición
Uno de los momentos más significativos fue la participación activa del alumnado, que empujó por turnos la carroza de la Virgen, siempre guiados por los hermanos de la cofradía. Este gesto, sencillo pero profundamente simbólico, permite que los más pequeños comprendan y vivan desde dentro una tradición que forma parte de la identidad cultural del municipio.
Un cierre lleno de convivencia y sabor tradicional
La procesión finalizó regresando al Convento, donde se cerró el acto con un ambiente de orgullo y emoción compartida. Como broche final, la cofradía quiso agradecer la participación del alumnado y del profesorado con un gesto muy especial: todos los niños y niñas recibieron limonada y enaceitados, una merienda tradicional muy vinculada a estas fechas.
Transmitir cultura, sembrar identidad
Actividades como esta no solo acercan al alumnado a las tradiciones religiosas, sino que también fomentan el respeto por el patrimonio cultural y la historia de Calzada de Calatrava. La participación de los niños y niñas en la Procesión del Jueves de Dolores es un ejemplo vivo de cómo la escuela y la comunidad pueden caminar juntas para preservar y transmitir las raíces culturales de generación en generación.

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