Los patios escolares están viviendo una auténtica revolución. Ya no son solo espacios para correr o jugar al fútbol, sino entornos dinámicos donde la diversidad de materiales y propuestas de juego permite que todos los niños y niñas participen, se expresen y se diviertan juntos.
Cada vez más centros educativos están incorporando materiales variados en sus patios: desde juegos de mesa gigantes hasta circuitos de movimiento, pasando por zonas de construcción con piezas sueltas, pizarras al aire libre y espacios para el arte. Esta variedad responde a una necesidad clave: que cada alumno encuentre su forma de jugar y compartir.
Juegos de mesa XXL: ajedrez, parchís o tres en raya en formato gigante fomentan la estrategia, el diálogo y la cooperación.
Materiales de movimiento: cuerdas, pelotas, aros y colchonetas permiten juegos activos y creativos sin necesidad de competir.
Espacio de escalada: rocódromo.
Rincones tranquilos: cojines, libros y pizarras ofrecen alternativas para quienes prefieren el juego más pausado.
La clave de estos patios es que no excluyen: todos los niños, independientemente de su edad, género o capacidades, pueden encontrar un espacio donde sentirse cómodos y valorados. El juego compartido fortalece los lazos entre compañeros, mejora la convivencia y reduce los conflictos.
Además de favorecer el juego inclusivo, estos patios también se convierten en escenarios para trabajar la empatía, la resolución de problemas y la expresión emocional. Los docentes observan cómo los alumnos desarrollan habilidades sociales clave mientras juegan con libertad y respeto.



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